Nuestra empresa tiene una experiencia en el mundo del pescado fresco y congelado desde el 1982, compramos asistiendo a las subastas en las lonjas de todo el país, importando también los mejores productos que vemos de interés, contamos con todos los contactos de este mundo especial del pescado. Desde el 1995, año en el que con el saber de mi abuelo Manuel en conservar el pescado en sal, nuestra empresa familiar empezó en el mundo de los salazones, y aún mantenemos aquella tradición antigua de hacer todos nuestros salazones de forma artesanal y autentica. Todos estos productos, están libres de conservantes y colorantes.

Si te gusta ¡Comprártelo en las redes sociales!
Share on Facebook
Facebook
Share on Google+
Google+
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email

Los lomos de sardina en salazón (Nuestro producto estrella). Una vez des espinados, se congelan a 20º grados bajo cero, teniéndolos así unos treinta días, para evitar cualquier bacteria y el anisa-qui. -Producto libre de Anisakis Una vez transcurrido este tiempo, se descongelan en cámara a unos 3º para luego elaborarlos. Sacando al mercado estos lomos de sardina nacional, en su punto de sal, curados y jugosos, representando en el libre mercado una posición de las primeras en consumo, por su precio competitivo y su alta calidad. Buscas pensamientos de alivio para tu mente…Pensamientos que sirvan de bálsamo para no encallarte. Sabes que has entregado tu vida a un mundo inflexible, lleno de imperturbables dudas…Un mundo con miles de caminos de agua y zozobras…Caminos de tanta belleza que te hacen naufragar por admiración e impotencia. ¡Hermosa creación! Llena de supuestas probabilidades y provocativos enigmas. ¡Universo de agua! Que te atrapa, haciéndote ir en su busca voluntariamente todos los amaneceres, dándole un deleite nuevo a tu espíritu, llenando el alma de inquietud y engrandeciendo tus ganas atiborrándote de valor sacrificado.

Si te gusta ¡Comprártelo en las redes sociales!
Share on Facebook
Facebook
Share on Google+
Google+
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email

EL PESCADO Y SU GUARDIÁN – EL MAR- Cientos de mañanas – Muy a lo lejos – El filo de la masa de agua color cobre por el sol saliendo, nos saludaba haciendo brillar la espuma de las pequeñas olas que sin descanso se acercaban a la barca. Cogido de la mano de mi abuelo, fuerte, huesuda y de piel seca. Desde la proa del barco contemplábamos, como lentamente se elevaba monumental la luz del sol devorando las sombras, dejando ver la conmovedora y gigantesca concentración de agua, haciéndote sentir una excitación turbadora, porque descubrías, que solo te separaba una fina tabla en los pies para que no te tragara – El nunca sintió ningún signo de cobardía – Luego se abría el cielo azul haciéndolo todo brillante, hermoso, soberbio e inaccesible, éramos un pequeño y delicado punto, a merced del capricho de aquella belleza inmensa.

Si te gusta ¡Comprártelo en las redes sociales!
Share on Facebook
Facebook
Share on Google+
Google+
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email

Mi abuelo nunca estuvo en el terreno intelectual, ni se vistió con prenda de seda, ni traje con zapatos de tafilete, pero si estaba acostumbrado a conseguir las cosas, siendo frágiles, dificultosas y sin ninguna facilidad. Lo recuerdo con su imborrable sonrisa, que acentuaba como delgadas gárgolas de agua, las arrugas aderezadas con pecas, de su cara curtida por la brisa salada. Cada día con nueva esperanza, soltaba las redes con experimentada destreza y como el que se adelanta a un hecho habituado, siempre esperaba el mejor día de pesca – Luego sacaba del agua las redes con el pescado, que tratando escapar revoloteaba entre miles de gotas de agua como pequeños diamantes que descomponían la luz, vistiéndolo todo de cientos de arcos iris. – El día había dado poco ¡Su captura siempre fue la misma! Necesitada en variedad y escasa en número. Nunca le importó, el Mar, siempre le había dado el pescado suficiente para hacer su vida. Una de las más hermosas cosas que tubo ¡Su imaginación preciosa! Que nos trasmitió como una sabía herencia, dándonos sensatez, armonía y equilibrio. Recuerdo que una de sus virtudes era, que siempre comparaba y cotejaba acciones de los demás, para que distinguiéramos las buenas causas de la conciencia. ¡Un día único! Consiguió una abundante pesca. Vendió lo de siempre y le sobró una gran cantidad de Sardinas. Sin írsele de la mano y enamorado de la vida que daba la naturaleza, acostumbrado a la escasez, para él, era impensable desaprovechar aquel pescado que le regalaron las profundas aguas y decidió conservarlo, atesorándolo en sal. Atento y con lo mejor de la paciencia, hora a hora y día a día, observó la curación, lo jugoso y el sabor de aquel pescado, después se ejercito sin descanso en busca de la mejor calidad, haciendo del salazón de sardina un autentico majar, exquisito, terso y sabroso, en definitiva, una conserva sazonada, deliciosa, suculenta y apetitosa.

Si te gusta ¡Comprártelo en las redes sociales!
Share on Facebook
Facebook
Share on Google+
Google+
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email